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Adaptación

Tras analizar las evidencias que certifican de forma inequívoca la existencia del cambio climático y las consecuencias que pueden derivarse de él, se hace necesario realizar acciones preventivas y de planificación para tratar de minimizar los efectos negativos provocados por los impactos del cambio climático que se están produciendo en la actualidad, y que se prevé que aumenten en el futuro, así como sacar el máximo partido, en caso de existir, de los posibles efectos positivos del cambio. Por tanto, la lucha contra el cambio climático debe constar de dos pilares de acción: el desarrollo de estrategias de mitigación, orientadas a reducir al mínimo posible la magnitud del cambio climático y que aseguren un desarrollo sostenible a medio y largo plazo, y el diseño de políticas de adaptación que permitan hacer frente a los inevitables efectos del cambio climático. Ambas políticas están profundamente relacionadas: cuanto más eficaces sean las políticas de mitigación, menor será la necesidad de adaptación, menores los costes asociados y mayores las probabilidades de que las políticas sean eficaces; por otra parte, por encima de ciertos umbrales de cambio climático, parece que no habría políticas de adaptación viables.

Para que la adaptación sea efectiva, las medidas destinadas a tal fin deben plantearse desde todos los niveles: desde el internacional hasta el local, y siempre que sea posible de una forma coordinada entre los diferentes niveles, y asegurando que se actúe a las escalas más adecuadas, teniendo en cuenta que muchas actividades de adaptación deberán ser ejecutadas a escala local, e implicando a todos los actores. Asimismo es imprescindible que el enfoque de adaptación al cambio climático se integre en las políticas que regulan todos los sectores productivos y no productivos de los países, y que haya una acción coordinada para aquellos impactos, sectores y recursos que trascienden las fronteras locales, regionales o nacionales.

En este sentido, el Informe Stern ha contabilizado el coste de la inacción comparando los costes que supondrían para la economía mundial tomar las actuaciones necesarias para hacer frente a los efectos del cambio climático, con los costes de no llevarse a cabo ninguna medida. El resultado es claro: los costes estimados derivados de la inacción son mucho más elevados que los costes que suponen adoptar medidas activas. Entre estas medidas se encuentran las medidas de adaptación que se recogen a lo largo de este capítulo.

En cuanto a la distribución de los impactos, son los países en desarrollo los más vulnerables a los efectos del cambio climático por tratarse de las zonas con menos recursos para emprender acciones de adaptación y depender de forma más directa de los recursos naturales. Por ello, desde diversas organizaciones internacionales como la CMNUCC y la UE se potencia la colaboración con estos países mediante la aportación de financiación y la transmisión de conocimientos y tecnología para la adaptación al cambio climático. No obstante, los países desarrollados cuentan también con sectores poblacionales particularmente vulnerables, bien por causas socioeconómicas (pobreza, marginación, nivel cultural), bien por causas geográficas o medioambientales, y también con territorios más vulnerables que otros (áreas costeras, lugares con climas ya extremos, etc.).

Estudios realizados a nivel internacional y local para determinar los posibles impactos que afectarían a los distintos sectores tanto económicos como sociales son la base que demuestra la necesidad de implementar medidas de adaptación.


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